Vivir BienEntrevistas

Salud bucodental · Temporada 1 · Programa 10

Boca, digestión y emociones, con la Dra. Celeste Fernández

La odontóloga Celeste Fernández explica cómo el desequilibrio bacteriano de la boca repercute en el intestino y en otros sistemas, y cómo aborda en consulta a los pacientes con fobia dental.

De qué se habla en esta entrevista

  • La saliva y las bacterias protectoras son la primera defensa de la puerta de entrada
  • Compara la disbiosis con una ciudad en apagón donde la policía atiende lo más urgente
  • Hace una PCR de las nueve a once bacterias más patógenas en casos seleccionados
  • Cita el Fusobacterium nucleatum, presente en casos de cáncer colorrectal
  • Relaciona la Porphyromonas gingivalis con investigaciones sobre Alzheimer
  • La ansiedad se asocia a bruxismo, reflujo, halitosis y menos flujo salival
  • Con los pacientes fóbicos usa una silla para sentar al miedo y hablarle de frente

«Todos los buenos caldos se hacen con diversos ingredientes puestos en el tiempo a fuego lento»

Dra. Celeste Fernández · Vivir Bien

La doctora Celeste Fernández, directora y socia de la Clínica Dental Rossell Carol, con más de ciento cuarenta años de historia, vuelve a Vivir Bien para tratar dos asuntos que, dice, le apasionan: la relación entre las enfermedades de la boca y el resto del organismo, y el abordaje de la ansiedad en la consulta. Rafaela Almeida arranca preguntando hasta qué punto están conectados el intestino y la boca, y si esa conexión explica cuadros como la disbiosis intestinal o el sobrecrecimiento bacteriano.

Fernández explica que la boca alberga infinidad de microorganismos y también mecanismos de defensa: bacterias protectoras, bacterias mucorreguladoras y la acción de la saliva. Cuando falla la higiene, la nutrición no es correcta o se suman medicación, estrés e insomnio, las bacterias más patógenas sobrecrecen dentro de los surcos y la respuesta inmunológica desciende. Para explicarlo a sus pacientes recurre a una imagen: el cuerpo es como una ciudad en apagón, donde los efectivos policiales acuden a lo más urgente mientras crecen los pequeños atracos. La disbiosis, resume, es ese desequilibrio entre las células que protegen y los patógenos. Añade que el cerebro y el sistema inmunitario son los sistemas que más energía consumen, y que por eso es frecuente sentirse agotado tras un flemón.

Preguntada por lo que se investiga más allá de la caries y la gingivitis, la odontóloga cuenta que cuando en una primera visita coinciden problemas de encías con patologías como colon irritable, artritis reumatoide o diabetes, solicita como protocolo una PCR de las nueve a once bacterias más patógenas. Pone ejemplos con nombre propio: el Fusobacterium nucleatum, con presencia en boca e intestino y muy presente en casos de cáncer colorrectal; la Porphyromonas gingivalis, sobre la que hay líneas de investigación en enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer; bacterias que atraviesan la pared de los vasos sanguíneos y generan inflamación arterial en pacientes cardíacos; y la relación descrita entre periodontitis y partos prematuros. Habla de medio centenar de enfermedades ya vinculadas, aunque insiste en que se trata de líneas de investigación.

El segundo bloque va a la ansiedad. Fernández describe pacientes que, por evitación o por descuido de su imagen corporal, se cepillan menos y presentan más halitosis; y explica que la ansiedad favorece el bruxismo y, con él, la sensibilidad dental, además del reflujo gastroesofágico que erosiona el esmalte y de cervicalgias y dolores de cabeza. También reduce el flujo salival, con lo que las bacterias, dice, aprovechan. Su conclusión es que ninguna patología tiene una causa única y que hay que regular a la vez higiene, nutrición, descanso, ansiedad y ejercicio.

Sobre el miedo al dentista, la doctora cuenta que en la primera visita entrega una hoja calibrada de tipos de ansiedad dental para identificar el foco concreto de cada paciente, y que pide que le expliquen a qué tienen miedo. Su recurso más gráfico es colocar una silla pequeña al lado para sentar allí al miedo, mirarlo de frente y afrontarlo juntos. A partir de ahí trabaja con atención focalizada más que con mindfulness en sentido estricto: foco en la respiración, distracción guiada con imágenes, una lista de música elegida por el paciente, un aceite esencial que sustituya un olor asociado a un trauma, o una explicación detallada del procedimiento con la señal de levantar la mano para parar. Señala que el equipo también sale beneficiado, porque entre visitas hacen pausas para recuperar energía. La entrevista corresponde al programa 9 de la primera temporada de Vivir Bien con Rafaela Almeida, en el bloque de salud bucodental.