Justicia y sociedad · Temporada 1 · Programa 5
La lentitud judicial y sus víctimas, con Daniel Vosseler
Por qué un procedimiento que se alarga años agrava el daño de quien ya ha sufrido un accidente, qué cifras maneja el abogado Daniel Vosseler y qué cambios plantea para acortar los plazos.
De qué se habla en esta entrevista
- España tiene algo más de 5.000 jueces para cerca de 50 millones de habitantes
- Compara con Alemania, con más de 22.000 jueces y magistrados y 83 millones
- Calcula que falta un 50 % más de medios para alcanzar la media europea
- Un cliente con amputaciones tuvo el juicio señalado a tres años y medio vista
- La Audiencia de Barcelona tarda unos dos años y medio en resolver un recurso
- Propone juzgados específicos y resolver estos casos en el plazo máximo de un año
- Plantea un centro de conciliación civil similar al del ámbito laboral
«El proceso judicial impide que tú puedas descansar y hacer el duelo»
Daniel Vosseler · Vivir Bien
Daniel Vosseler, abogado especializado en la defensa de víctimas de accidentes laborales y de tráfico, abre el programa con una idea que repite a lo largo de la conversación: España vive en una democracia que él llama imperfecta porque el poder judicial es, dice, el gran olvidado de las administraciones públicas por falta de recursos. Para no quedarse en la opinión acude a los datos: algo más de cinco mil jueces para casi cincuenta millones de habitantes, frente a los más de veintidós mil de Alemania con unos ochenta y tres millones. De ahí, sostiene, una justicia lenta que genera angustia, indefensión e impotencia, y que altera también al entorno familiar.
Rafaela Almeida le pregunta por los problemas concretos que provoca esa demora. Vosseler responde con casos de su despacho. Uno es el de un cliente con amputaciones múltiples tras un accidente en Andalucía: cogió un avión para explicarle en persona que el juicio estaba señalado a tres años y medio vista, y eso solo el señalamiento. Habla también de procedimientos que llevan más de diez años abiertos. Insiste en separar el diagnóstico de las personas: describe a jueces, letrados y personal de la administración de justicia como extraordinarios, pero sobresaturados, y cifra en un cincuenta por ciento adicional los medios que harían falta para situarse en la media europea.
Un segundo ejemplo es el de una familia monoparental cuya vivienda fue ocupada mientras el hijo estaba hospitalizado. El proceso de desalojo se prolongó cerca de dos años y, entre la resolución judicial y la entrega de llaves, la casa volvió a ser ocupada por terceros, lo que obligó a acudir al juzgado de guardia. Para el abogado, casos así muestran cómo el tiempo perjudica siempre a la parte más vulnerable: a una aseguradora, argumenta, esperar diez años puede incluso convenirle porque empuja a la víctima a aceptar acuerdos que no firmaría en otras condiciones. Y añade el efecto que más le preocupa, el del duelo: cuando el accidente tiene resultado de muerte, el procedimiento impide cerrar el proceso personal.
Preguntado por soluciones, Vosseler plantea la creación de juzgados específicos para estas materias en las capitales de provincia y una reforma de la ley de enjuiciamiento civil que fije un plazo máximo de un año para resolver este tipo de asuntos. Propone además un organismo de conciliación civil equivalente al que existe en el ámbito laboral, capaz de acercar a las partes de forma activa y sin prejuzgar, y valora la reforma que impulsa la mediación en los conflictos civiles, aunque prefiere esperar a ver su eficacia. Menciona que la Audiencia de Barcelona tarda unos dos años y medio solo en resolver un recurso, al que pueden sumarse entre tres y cinco años más si el asunto llega en casación al Tribunal Supremo.
Almeida le pide un consejo para quien está esperando una resolución. Lo primero, dice, paciencia, porque procedimientos como los de negligencias médicas pueden alargarse hasta diez años y conviene preparar psicológicamente al cliente para esa espera. Lo segundo, fomentar el pacto siempre que sea equilibrado: recuerda el dicho de que más vale un mal acuerdo que el mejor de los pleitos y cuenta que suele preguntar a sus clientes si prefieren ser felices o tener razón, porque el ego alarga los conflictos. Su consejo final para vivir bien es el lema que le enseñó su padre, ponerle a la vida un filtro en positivo, huir de la conflictividad y rodearse de gente que sume. La entrevista pertenece al programa 5 de la primera temporada de Vivir Bien con Rafaela Almeida, dentro del bloque de justicia y sociedad.