Espiritualidad y crecimiento personal · Temporada 1 · Programa 4
Judaísmo, espiritualidad y comunidad, con Juan Caldés
El coordinador de la European Jewish Association explica cómo han cambiado la seguridad y el ánimo de las comunidades judías europeas y qué prácticas del judaísmo propone como fuente de equilibrio.
De qué se habla en esta entrevista
- Describe el refuerzo de la seguridad en su sede de Bruselas, sinagogas y colegios
- El Shabat, veinticinco horas de desconexión desde el viernes por la tarde
- Recuerda que la ley judía ya prescribía un día de descanso hace milenios
- Distingue integración de asimilación: lealtad al país sin renunciar a las raíces
- Janucá no es la Navidad judía, sino la lucha por preservar la identidad
- La mesa del Shabat está abierta también a invitados no judíos
- Vincula parte del antisemitismo actual al desconocimiento y a los estereotipos
«La clave es la integración, pero no la asimilación»
Juan Caldés · Vivir Bien
Juan Caldés, coordinador de la European Jewish Association, organización con sede en Bruselas que representa a comunidades judías europeas, empieza la entrevista respondiendo a Rafaela Almeida sobre el impacto del 7 de octubre. Lo sitúa ya en el calendario judío como uno de los días más fatídicos de la historia del pueblo judío y como la mayor masacre desde la Shoá. Sobre sus efectos en la diáspora, cuenta que la sede de la organización cuenta con seguridad desde entonces tras un aviso de paquete bomba, y que se ha reforzado la protección policial o militar en sinagogas y colegios judíos de varios países. Concluye que la situación ha cambiado drásticamente a peor y que queda mucho trabajo por delante frente al antisemitismo.
Preguntado por qué prácticas del judaísmo pueden aportar equilibrio en el día a día, Caldés sitúa el Shabat por encima de todo y advierte de que se conoce poco. Explica que dura veinticinco horas, del viernes por la tarde al sábado por la noche, que se celebra cada semana pase lo que pase y que consiste en desconectar del mundo exterior para reconectar con Dios, con la familia, con la comunidad y con uno mismo. Lo describe como un oasis de paz que recomienda experimentar también a quien no es judío. Añade una lectura histórica: la ley judía ya estipulaba un día de descanso hace milenios, incluso para quien estaba esclavizado, algo que considera revolucionario en su contexto y precedente lejano del fin de semana europeo.
La conversación pasa a cómo mantener las tradiciones sin desconectarse de la sociedad. Caldés distingue dos términos que, dice, suelen confundirse: integración y asimilación, esta última entendida como abandonar por completo las raíces. Recuerda que la ley judía establece la lealtad al país en el que se reside y sostiene que eso es compatible con conservar el Shabat, la alimentación kosher o las festividades. Se presenta como judío sefardí español y europeo plenamente integrado. Sobre la transmisión a las nuevas generaciones, diferencia entre quien estudia en un colegio judío, donde el currículo combina la educación nacional con la judía, y quien recibe una educación más secular, y defiende un equilibrio sano entre familia y mundo exterior para que los jóvenes estén orgullosos de sus raíces sin encerrarse.
Almeida le pide rituales inspiradores para quien busca explorar la espiritualidad. El invitado insiste en el Shabat y subraya que a esa mesa se invita siempre a quien quiera participar, judío o no. Entre las festividades destaca Janucá y aclara que no es la Navidad judía, aunque suela caer en diciembre: son ocho días cuyo mensaje, dice, es la lucha por preservar la identidad, algo exportable a cualquier persona. Defiende que la religión se mire desde un punto de vista unificador y menciona el principio de tikún olam, hacer de este un mundo mejor y más justo.
Sobre cómo se sostienen las comunidades entre sí, Caldés recurre al dicho de que dos judíos tienen tres opiniones y explica que la discusión forma parte del estudio, pero que en los momentos difíciles opera la idea de que todos los judíos son responsables los unos de los otros. Su mensaje final es una invitación a preguntar y a informarse: lamenta que en España se hable del judaísmo en pasado, ligado a la Inquisición, al edicto de expulsión de 1492 o al Holocausto, y no del judaísmo presente, y sostiene que buena parte del antisemitismo se alimenta del desconocimiento y de estereotipos contradictorios. La entrevista pertenece al programa 4 de la primera temporada de Vivir Bien con Rafaela Almeida.
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