Vivir BienEntrevistas

Liderazgo y transformación personal · Temporada 1 · Programa 7

Liderazgo y transformación, con Mercedes Jiménez y Montse Martínez

Una tertulia a tres voces sobre por qué el desconocimiento de uno mismo genera sufrimiento, cómo se cuestiona una creencia limitante y qué cambió en la vida de quien pasó por ese proceso.

De qué se habla en esta entrevista

  • Jiménez define el talento como descubrir aquello para lo que uno sirve
  • Cuenta el caso de un piloto que se creía insuficiente para protegerse del fracaso
  • Propone no cambiar las creencias, sino llevarlas primero a la categoría de duda
  • Diseñó una baraja con más de cincuenta emociones agradables y desagradables
  • Sitúa el juicio como una de las principales fuentes de sufrimiento humano
  • Martínez cuenta que lo tenía todo y aun así no se sentía conectada
  • La inmersión en grupo de unas cuarenta horas acelera el proceso, según Jiménez

«No existen emociones ni buenas ni malas, solo existen emociones agradables o desagradables»

Mercedes Jiménez y Montse Martínez · Vivir Bien

La tertulia reúne a Mercedes Jiménez, directora de Regén Palmer y consultora ejecutiva con dieciocho años de experiencia en liderazgo, inteligencia emocional y transformación organizacional, y a Montse Martínez, farmacéutica, asesora de bienestar y directora adjunta de Vivir Bien. Jiménez cuenta que fundó su proyecto tras un momento de inflexión en el que se preguntó si lo que hacía era realmente su misión de vida, y concluyó que la suya era acompañar a otros. Defiende que toda persona debería atravesar al menos un proceso de desarrollo personal, con un argumento sencillo: el desconocimiento de uno mismo genera sufrimiento y conocerse proporciona libertad, aunque las circunstancias externas no cambien.

Aplicado a las empresas, su trabajo empieza por conectar a cada persona con su talento, que define como descubrir aquello para lo que uno sirve. Pone el ejemplo de una multinacional en la que movieron a algunas personas de puesto y quienes no brillaban conectaron con su potencial. Sobre su método, señala dos disciplinas que a su juicio explican la transformación. La primera es la detección de creencias limitantes, que propone no cambiar de entrada sino llevar a la categoría de duda para después preguntar de qué protegen. Lo ilustra con un piloto que tras un episodio de ansiedad dejó su trabajo y se hizo fisioterapeuta: bajo la creencia de no ser suficiente estaba el miedo a fracasar, y trabajar la idea de que existen errores y no fracasos le permitió avanzar.

La segunda es el trabajo con emociones, para el que ha diseñado una baraja de cartas con más de cincuenta. Jiménez insiste en que ninguna es buena o mala, solo agradable o desagradable, y en que cada una tiene un propósito y predispone a una acción: la frustración, dice, informa de que las estrategias que se están usando no dan resultado. Cuando la persona entiende para qué le sirve una emoción, deja de sentirse amenazada por ella. En el bloque dedicado al juicio, la consultora lo describe como una de las primeras causas de sufrimiento, porque nace del pasado, se emite en el presente y condiciona el futuro. En las organizaciones trabaja pidiendo que se fundamente el juicio, y sostiene que cada etiqueta habla más de la necesidad de quien la pone que de la persona juzgada.

Martínez aporta la perspectiva de quien hizo el proceso. Explica que llegó a Regén Palmer en un momento en el que, teniéndolo todo, carrera, puestos directivos, empresa y familia, notaba que no estaba conectada. Hizo dos cursos a lo largo de unos dos años, el segundo con orientación de coach, y describe el resultado como un antes y un después: conectar con la alegría de la vida y dejar de demostrar que todo es perfecto. Su primer aprendizaje, dice, fue no emitir juicios, comprobar antes si tiene toda la información y pensar cómo afectará al futuro de la otra persona.

En la parte final ambas hablan de plazos y de primeros pasos. Jiménez reconoce que un proceso individual de diez o doce sesiones produce cambios, pero sitúa la transformación en la inmersión grupal de unas cuarenta horas, porque el grupo acelera el proceso, y recomienda después revisiones periódicas. Sobre por dónde empezar, apunta a querer hacerlo y a fijarse en cómo se habla uno a sí mismo, con una petición que repite a sus alumnos: ser amables consigo mismos. Añade que en todos estos años nadie ha dejado de hacer un plan de desarrollo por dinero. La tertulia cierra el programa 7 de la primera temporada del magazín.