Vivir BienEntrevistas

Bienestar holístico y longevidad · Temporada 2 · Programa 11

Zonas azules y longevidad, con Silvia Miragaya

De directiva hotelera a fundadora de un centro de bienestar: Silvia Miragaya cuenta qué le atrajo de las zonas azules, por qué cree que hemos normalizado el estrés y qué hacen las tecnologías de su centro.

De qué se habla en esta entrevista

  • Deja el lujo hotelero buscando un legado y monta un centro de bienestar holístico
  • De las zonas azules le cautiva su sencillez: alimentación, pausa, comunidad y escucha
  • Recuerda a una mujer de Cerdeña cuidada por toda la aldea que jugaba a las damas cada tarde
  • Sostiene que hemos normalizado el dolor: clientes que llevan cuatro años con una molestia
  • Vincula bienestar y envejecimiento y defiende aceptar que somos mortales
  • La flotación en seco deja el cuerpo en gravedad cero con meditación guiada
  • Afirma que esa terapia puede bajar el cortisol en sangre hasta un cincuenta por ciento

«Para descansar no hace falta dormir, hace falta relajarse»

Silvia Miragaya · Vivir Bien

Silvia Miragaya, propietaria y directora de Blue Zone Wellness, explica a Rafaela Almeida cómo pasó de una carrera directiva en el lujo hotelero al bienestar holístico. Dice que pesó sobre todo la pregunta por el legado: le gustaba su trabajo anterior y aun así no tenía claro qué dejaba, mientras que ahora, cuidando de personas, siente que ese legado es positivo. Sobre el concepto de las zonas azules, esos lugares donde se vive más y mejor, subraya que lo que le cautivó fue su sencillez: buena parte de lo que alarga y mejora la vida está al alcance de cualquiera, desde una alimentación equilibrada hasta aprender a pausar. Y añade un factor que suele quedar fuera, la convivencia y el sentido de comunidad: no se trata solo de hacer ejercicio o comer verdura, sino de compartir, escuchar y ser escuchado. Recuerda el caso de una mujer de Cerdeña sin descendencia a la que cuidaba toda la aldea, con partidas de damas cada tarde, y que al preguntarle qué hacía a diario para sentirse mejor respondió que beberse un vaso de vino.

Preguntada por el estrés, Miragaya sostiene que todos hemos normalizado cierto nivel de malestar hasta dejar de percibirlo, y que incluso se ha normalizado el dolor: cuenta que hay clientes que llegan al centro tras cuatro años con una molestia. Frente al recurrente no tengo tiempo, replica que las horas son las mismas para todos y que el problema es de prioridades, porque el tiempo no aparece por sí solo. Sobre la relación entre bienestar y envejecimiento, plantea dos ideas: que no se vive una vida larga si emocionalmente no se está bien y que conviene aceptar el propio envejecimiento y la condición mortal, ya que quien no lo asume arrastra una angustia constante que juega en contra de lo que busca. Su resumen es que importa menos cuánto se vive que cómo se vive, y que lo ideal es reunir ambas cosas.

La directora del centro cree que los espacios de wellness, urbanos y rurales, son el futuro de la salud, porque cubren dos carencias muy visibles hoy: sentirse escuchado y el contacto físico entre personas. Almeida le pide entonces que explique las tecnologías del centro. De la cámara hiperbárica dice que puede resultar incómoda al principio para quien no lleva bien los espacios cerrados, pero describe el oxígeno hiperbárico como regenerador celular con efecto también sobre la concentración y la rapidez de decisión, y por eso lo usan deportistas de élite. De la luz roja explica que complementa los tratamientos de piel, que actúa como cicatrizante y desinflamante y que estimula la producción de colágeno, en sesiones de veinte minutos.

Sobre suplementación, Miragaya insiste en que debe ser personalizada, con analíticas previas y criterio de una nutricionista, en lugar de comprar productos genéricos porque los toma un vecino. Menciona los preparados de OROBORN para el descanso y para el colágeno, y recuerda que este último no es solo un asunto estético sino de salud. El último tramo lo dedica a la flotación en seco, que presenta como una tecnología exclusiva de su centro en Barcelona: sin agua ni bañador, el paciente queda flotando en gravedad cero, sin puntos de contacto, con sonidos naturales y meditación guiada por niveles. Afirma que puede reducir el cortisol en sangre hasta un cincuenta por ciento, frente al treinta de otras alternativas, y que muchos usuarios ni siquiera saben si se han dormido. La entrevista corresponde al programa 11 de la segunda temporada de Vivir Bien con Rafaela Almeida y queda pendiente una segunda visita sobre quiropráctica.