Arte y cultura · Temporada 1 · Programa 7
Arteterapia y bienestar emocional, con Patricia Trujillo
En qué se diferencia la arteterapia de una terapia convencional, qué efectos físicos y cognitivos se le atribuyen y por qué el resultado importa menos que el proceso.
De qué se habla en esta entrevista
- En arteterapia no hace falta saber dibujar: lo relevante es el proceso, no la obra
- Pintar más de 45 minutos se asocia a bajadas de cortisol y de presión arterial
- En el atelier los niños dejan el móvil y entran en el llamado estado de flujo
- Indicada para TDAH, duelo, estrés laboral, personas mayores y procesos oncológicos
- Trujillo cuenta que un psiquiatra le dijo que receta menos pastillas y más pintar
- Recomienda la Neue Nationalgalerie de Berlín, obra de Mies van der Rohe
- Comenta la performance de Schlingensief contra el antisemitismo alemán
«El arte tiene que ser un vehículo para dar respuestas a muchas preguntas»
Patricia Trujillo · Vivir Bien
Patricia Trujillo, pintora y propietaria del Atelier Sant Gervasi, empieza su sección con las novedades de su propio trabajo. Cuenta que acaba de participar en la inauguración de una exposición en Berlín, dentro de la semana del arte en la que los críticos recorren las galerías para ver la producción internacional más reciente. Adelanta también que prepara una individual en Barcelona, una retrospectiva de su trayectoria en una galería instalada en un palacete del siglo XV.
Rafaela Almeida le pide entonces que explique qué es exactamente la arteterapia y en qué se distingue de una terapia convencional. Trujillo la sitúa dentro de la psicoterapia: combina la creación artística con herramientas psicológicas para acompañar a personas con dificultades emocionales, cognitivas o físicas. Insiste en un punto que considera clave: no hace falta saber dibujar ni pintar, porque el objetivo no es la obra sino el proceso que lleva a una reflexión. Y subraya que es una terapia activa. Cuando alguien no puede expresar con palabras lo que le ocurre y lo plasma en un dibujo, dice, aquello que duele puede acabar convertido en algo bello; dar simbología a una imagen es parte esencial del método.
Sobre los beneficios, la pintora distingue tres planos. En el emocional habla de aliviar cargas, desbloquear momentos complejos y acompañar fases depresivas. En el físico cita estudios según los cuales trabajar pintando durante más de cuarenta y cinco minutos reduce los niveles de cortisol, la presión arterial y el estrés. Y en el cognitivo señala el estímulo de la concentración y la memoria. Almeida introduce el caso de los niños y Trujillo explica que en su atelier dejan los móviles al llegar y entran en lo que los psicólogos llaman estado de flujo, ese momento en que el tiempo pasa sin notarse, mientras desarrollan concentración y comunicación.
En cuanto al desarrollo práctico, describe sesiones que pueden ser individuales o colectivas, en las que el terapeuta guía un trabajo de pintura, dibujo, escultura o incluso escritura y después abre un espacio de reflexión sobre lo aparecido. Menciona los perfiles a los que se dirige: niños con hiperactividad o falta de concentración, adultos con estrés laboral, duelos o colapsos emocionales, personas mayores para estimular la memoria, pacientes en procesos oncológicos y personas con dolor crónico, que según cuenta dejan de percibir el dolor mientras crean. Añade la anécdota de un psiquiatra que le confesó recetar menos pastillas y más pintar, cantar o bailar.
El tramo final es la recomendación de exposiciones. Trujillo propone la Neue Nationalgalerie de Berlín, que describe como un templo del arte contemporáneo y de la crítica política y social, y cuyo edificio, obra de Mies van der Rohe, considera visita suficiente. Allí participó en una muestra poética y participativa de Yoko Ono, Dream Together, donde el público interviene con piedras o uniendo piezas rotas. Pero lo que más le impresionó, cuenta, fue la colección permanente y la obra de Christoph Schlingensief, artista provocador que trabajó en performance, cine y teatro. Explica una acción suya realizada un 9 de noviembre en Nueva York, fecha que coincide con la Noche de los Cristales Rotos y con la caída del Muro de Berlín: arrodillado ante la Estatua de la Libertad, arrojó una urna de cenizas y una maleta con noventa y nueve objetos cotidianos alemanes, en referencia al perdón que el canciller Willy Brandt pidió de rodillas en Varsovia. Para Trujillo, revisar esa pieza obliga a pensar en la historia para no repetirla. La entrevista corresponde al programa 7 de la primera temporada de Vivir Bien con Rafaela Almeida, en la sección de arte y cultura.
Arte y cultura
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