Alta sensibilidad y bienestar emocional · Temporada 2 · Programa 13
Niños altamente sensibles, con la experta Ayrin Pons
Tras las preguntas que dejaron los padres en el programa anterior, la experta detalla los cuatro rasgos que comparten los niños PAS y qué hacer para que la sensibilidad no se viva como un problema.
De qué se habla en esta entrevista
- Los cuatro rasgos: procesamiento profundo, sobreestimulación, hiperempatía y detalle
- El niño PAS suele ser quien se acerca al compañero nuevo para integrarlo en clase
- Lo que parece timidez, dice, es tiempo para procesar la avalancha de estímulos
- Son más sensibles a la crítica y pueden dar vueltas a un comentario durante días
- Pons desaconseja el no seas tan sensible por lo que transmite sobre su autoestima
- Sugiere adaptar el entorno: auriculares, menos luz y actividades en grupos reducidos
- En entornos invalidantes advierte de mayor tendencia a la ansiedad y la depresión
«Los altamente sensibles nacemos así y morimos así, no se puede cambiar»
Ayrin Pons · Vivir Bien
Rafaela Almeida abre el espacio contando que, tras el programa anterior, llegaron muchos mensajes de padres preguntando por la alta sensibilidad en la infancia. Ayrin Pons, experta en el tema, responde que conocer el rasgo importa precisamente porque el entorno que se crea alrededor del niño marca una gran diferencia, tanto en casa como en el aula. Antes de entrar en detalle matiza que los niños altamente sensibles son muy distintos entre sí, aunque comparten cuatro características: el procesamiento profundo, que les hace percibir la realidad con mucha hondura; la sobreestimulación sensorial, porque reciben más estímulos y con más intensidad; la hiperempatía; y la percepción del detalle, que capta cosas que a otros pasan desapercibidas.
Sobre cómo reconocerlo, Pons propone fijarse en señales concretas: el niño que observa, que da vueltas a lo que ve, que pregunta y no se queda en lo superficial. Pone un ejemplo escolar: cuando llega un alumno nuevo, suele ser un niño altamente sensible quien se acerca para integrarlo, porque percibe las emociones ajenas y busca climas armónicos. También menciona el tipo de juego, con objetos llenos de pequeños detalles a los que dedican mucho rato, y recuerda desde su propia experiencia las casitas con muebles diminutos. Añade que expresan todas las emociones, agradables y desagradables, de forma más intensa que otros niños, porque aún no han aprendido a contenerlas como los adultos.
En el capítulo de dificultades, la experta señala la sensibilidad a la crítica: un comentario poco cuidado de un padre o de una profesora se sufre mucho más y puede derivar en rumiación durante días. Apunta también que la hiperempatía puede llevarles a dejarse arrastrar por otros niños y que la intensidad de las emociones negativas les pesa. A partir de ahí deshace la confusión entre sensibilidad, debilidad y timidez con una escena: al entrar en un aula nueva, con ruido, luces, olores y energía ajena, el niño se queda un momento atrás observando hasta procesar lo que ocurre, y desde fuera se interpreta como timidez y se le coloca la etiqueta, cuando en realidad necesita otro ritmo.
Pons insiste en el efecto de frases como no seas tan sensible: entiende que transmiten que ser sensible está mal y piden algo imposible, porque el rasgo no se puede cambiar, con el consiguiente daño a la autoestima. Su propuesta es la contraria, validar esa sensibilidad y ayudar al niño a ver lo que tiene de positivo. Entre las herramientas prácticas cita adaptar el entorno cuando hay saturación: unos auriculares si hay mucho ruido, cambiar de habitación si hay demasiada luz, aprender a pedir y priorizar los grupos reducidos frente a los grandes. Y avanza que la relación entre alta sensibilidad y tecnología, con su exigencia de respuesta inmediata, da para un programa aparte.
Al preguntarle por las fortalezas, la experta destaca la capacidad de reflexionar antes de actuar, la conducta prosocial y la creatividad, ligada a un mundo interior muy rico. Su recomendación a los padres es enfocarse en las posibilidades del hijo y crearle un entorno que le valide, porque en un entorno invalidante advierte de una mayor tendencia a la ansiedad y la depresión. Como primer paso propone informarse, con lecturas como El niño altamente sensible, y explica que ofrece un programa de acompañamiento al que llama desde la sensibilidad a la fortaleza sensible. La entrevista corresponde al programa 13 de la segunda temporada de Vivir Bien, en la sección sobre alta sensibilidad y bienestar emocional.
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